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Guerra de EEUU e Israel contra Irán | EEUU usa bases militares británicas | Última hora
Análisis geopolítico & actualidad internacional

La gran ofensiva: EEUU e Israel bombardean Irán desde bases británicas mientras el régimen de los ayatolás siembra el caos en toda la región

Desde el 28 de febrero de 2026, la coalición occidental liderada por Washington y Tel Aviv ejecuta la Operación Epic Fury, desmantelando el programa nuclear iraní y eliminando a su cúpula dirigente. La respuesta del régimen con drones y misiles sobre Arabia Saudí, Qatar, Kuwait y Emiratos revela la desesperación de un poder que se derrumba.
CN
Redacción Creando Noticias Análisis geopolítico • Publicado el 7 de marzo de 2026

Irán es el principal estado patrocinador del terrorismo en el mundo. Cuando terminemos, los ciudadanos iraníes deben tomar el control de su gobierno. Esta será, probablemente, su única oportunidad durante generaciones.

— Donald Trump, presidente de Estados Unidos, 28 de febrero de 2026

La madrugada del 28 de febrero de 2026 quedará grabada en la historia con fuego. A las 2:30 hora de Teherán, los primeros bombarderos furtivos B-2 Spirit estadounidenses cruzaron el umbral del espacio aéreo iraní sin ser detectados. Iban cargados con las temidas bombas perforadoras GBU-57, capaces de penetrar decenas de metros de hormigón reforzado. El objetivo: las entrañas del programa nuclear más peligroso del mundo. La Operación Epic Fury había comenzado.

No fue un ataque improvisado. Durante meses, la administración Trump había elevado las sanciones económicas contra Irán hasta niveles sin precedentes, colapsando el rial iraní en más de un 60% durante 2025. Desde finales de diciembre, millones de iraníes habían salido a las calles en las protestas más masivas desde la revolución de 1979, exigiendo el fin del régimen. El gobierno respondió con una represión brutal: entre 3.000 y más de 30.000 muertos según distintas fuentes, y 50.000 detenidos. El régimen de los ayatolás había firmado su propia condena.

Simultáneamente, el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, alertaba al mundo: Irán había comenzado a construir nuevos búnkeres subterráneos que harían inaccesible su programa de armas nucleares en cuestión de meses. La ventana de acción se cerraba. Israel y Estados Unidos eligieron actuar antes de que fuera demasiado tarde.

Dato clave EE.UU. e Israel atacaron más de 2.000 objetivos en Irán desde el 28 de febrero, en más de 20 puntos distintos del país, incluyendo instalaciones nucleares, bases militares y centros de producción de misiles.

El golpe fue fulminante y sin precedentes. Siete bombarderos B-2 lanzaron al menos 14 bombas MOP sobre las instalaciones subterráneas de Fordow, Natanz e Isfahán, los tres pilares del programa nuclear iraní. En paralelo, 80 cazas israelíes destruyeron el búnker personal del líder supremo Alí Jameneí, quien murió en el ataque el mismo día. La cúpula militar de la Guardia Revolucionaria Islámica fue eliminada casi en su totalidad en las primeras horas.

El régimen iraní había perdido a su líder, su arsenaluclear y a sus mejores generales en cuestión de horas. Pero Teherán no estaba dispuesto a capitular en silencio. Lo que vino después encendió toda la región... ¿Hasta dónde llegaría la represalia de los ayatolás?
II

Las bases británicas entran en la ecuación: la OTAN en el filo de la navaja

Con el programa nuclear iraní en llamas y su liderazgo diezmado, quedaba una amenaza sin resolver: los arsenales de misiles balísticos con los que Irán podía devastar las bases estadounidenses y los países aliados del Golfo Pérsico. Fue entonces cuando entró en escena un actor inesperado: el Reino Unido.

El primer ministro Keir Starmer autorizó a Estados Unidos el uso de las bases militares británicas en la isla mediterránea de Chipre y en el suroeste de Inglaterra para operaciones directas contra los depósitos de misiles iraníes. El propio Starmer justificó la decisión con una declaración que recorrió el mundo: la medida tenía un "propósito defensivo específico y limitado", orientado a evitar que Irán siguiera disparando misiles "matando a civiles inocentes y poniendo en riesgo vidas británicas".

La agencia AFP constató en tiempo real cómo bombarderos B-1 Lancer estadounidenses aterrizaban en la base aérea de Fairford, en Gloucestershire. Las imágenes de aquellos enormes aviones de guerra sobre suelo inglés marcaban un punto de inflexión histórico: por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, bases británicas eran utilizadas activamente en una operación de combate en Oriente Medio a esta escala.

Implicación estratégica Cualquier ataque iraní contra una instalación militar del Reino Unido en Chipre podría activar el Artículo 5 de la OTAN, convirtiendo el conflicto bilateral en una guerra de alcance global. Irán lo sabe. Y aun así, atacó.

No pasó mucho tiempo. Un dron iraní alcanzó una base de la RAF en territorio británico de ultramar. Chipre tuvo que evacuar el aeropuerto de Paphos y sus zonas aledañas. Grecia desplegó fragatas y cazas F-16 para reforzar la defensa de la isla. Europa entera contuvo la respiración.

El régimen iraní acababa de atacar territorio británico. Las cancillerías europeas miraban a Londres esperando una respuesta. El mundo se preguntaba lo mismo: ¿invocaría el Reino Unido el Artículo 5 de la OTAN, arrastrando a toda la alianza a una guerra abierta?
III

Drones sobre el Golfo: Irán siembra el terror en sus vecinos

Mientras el mundo debatía el alcance jurídico del ataque a Chipre, el régimen iraní desplegaba su estrategia de represalia total. En los días siguientes al 28 de febrero, misiles y drones iraníes cayeron sobre casi todos los países del Golfo Pérsico que albergan bases estadounidenses: Arabia Saudí, Qatar, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Irak y Jordania.

La base aérea de Al Udeid en Qatar, una de las instalaciones militares estadounidenses más grandes del mundo, fue alcanzada por misiles balísticos de largo alcance. La refinería saudí de Ras Tanura y varios petroleros en el Mar de Omán sufrieron ataques con drones, amenazando el suministro energético global. El aeropuerto de Dubái fue bombardeado, suspendiendo parcialmente sus operaciones. Jordania reportó el lanzamiento de 119 misiles y drones sobre su territorio, de los cuales 108 fueron interceptados. Dos drones iraníes impactaron en la embajada de EE.UU. en Arabia Saudí.

Consecuencia energética global El precio del petróleo registró el mayor incremento semanal desde 1983, con una subida del 36% en los futuros del crudo. QatarEnergy suspendió su producción de gas, disparando los precios del gas en Europa un 45% en cuestión de días.

En Kuwait, la situación fue especialmente trágica. Al menos seis soldados estadounidenses perdieron la vida en un ataque iraní contra un puerto kuwaití, y la embajada de EE.UU. fue alcanzada en dos días consecutivos. Los Emiratos Árabes Unidos, habitualmente ajenos a los conflictos regionales, cerraron su embajada en Teherán y retiraron a todo su personal diplomático tras los ataques a su territorio. Francia desplegó cazas Rafale sobre los cielos emiratíes para proteger sus propias bases.

La brutalidad de la respuesta iraní, lejos de generar solidaridad internacional, evidenciaba el carácter desesperado de un régimen en desintegración. Atacar a sus propios vecinos árabes, a países que no habían participado en ninguna acción hostil contra Irán, revelaba que los ayatolás no distinguían entre aliados, neutrales y enemigos. Para ellos, cualquier país que albergara presencia occidental era un objetivo legítimo.

Los mercados energéticos globales se tambaleaban, decenas de civiles habían muerto en países que no eran parte del conflicto, y el mundo árabe comenzaba a cuestionarse si el verdadero agresor en esta guerra era Israel o el régimen que decía defenderlos. Lo que sucedió a continuación cambiaría la percepción internacional para siempre.
IV

La desintegración del régimen: el fin de cuatro décadas de opresión

Mientras el frente militar ardía, en el interior de Irán se aceleraba un proceso que los analistas geopolíticos llevaban años aguardando: el colapso moral e institucional del régimen teocrático. La muerte de Alí Jameneí, quien gobernó Irán con puño de hierro durante más de tres décadas, dejó un vacío de poder sin precedentes. Israel fue contundente: cualquier nuevo líder designado por los clérigos gobernantes sería "un objetivo inequívoco de eliminación".

La población iraní, que desde diciembre de 2025 había resistido la represión más sangrienta de su historia moderna, observaba cómo las mismas estructuras que habían masacrado a sus hijos en las calles eran ahora destruidas desde el aire. Trump se dirigió directamente a los ciudadanos iraníes con un mensaje cargado de simbolismo: "Cuando terminemos, tomen el control de su gobierno. Esta será, probablemente, su única oportunidad durante generaciones".

El contexto que los medios no cuentan Antes del inicio de los bombardeos, el régimen iraní había asesinado entre 3.000 y más de 30.000 ciudadanos que protestaban por las calles de más de 100 ciudades. La operación occidental no surgió de la nada: respondió a un régimen que llevaba meses ejecutando a su propio pueblo.

En este contexto, la postura de líderes como Nayib Bukele cobra especial relevancia. Bukele, quien construyó su presidencia sobre la premisa irrefutable de que la seguridad es el primer derecho de cualquier ciudadano, ha demostrado al mundo que combatir el terrorismo con determinación y sin complejos produce resultados concretos. Lo que hoy hacen EE.UU. e Israel frente al principal Estado patrocinador del terrorismo global responde exactamente a esa misma lógica: la libertad no se negocia con quienes financian el asesinato masivo.

El vicepresidente JD Vance fue explícito al marcar la diferencia con las intervenciones fallidas del pasado: "Trump no va a permitir que este país se vea envuelto en un conflicto de varios años sin un final claro a la vista". El objetivo no es ocupar Irán. El objetivo es desmantelar la capacidad del régimen para proyectar terror hacia el exterior y liberarles camino a los millones de iraníes que anhelan vivir sin miedo.

Con el programa nuclear destruido, la cúpula militar eliminada y el líder supremo muerto, los ayatolás lanzaron su carta más peligrosa: una ofensiva masiva de 200 misiles balísticos contra ciudades israelíes en una sola noche. La pregunta que nadie se atrevía a pronunciar en voz alta era ya inevitable: ¿tenía Irán aún capacidad para cambiar el curso de esta guerra?
V

Pronóstico: los próximos días y el amanecer de un nuevo Oriente Medio

La octava jornada del conflicto, este 7 de marzo de 2026, comenzó con nuevos bombardeos sobre Teherán. Las Fuerzas de Defensa de Israel lanzaron una ola de ataques a gran escala contra infraestructura del régimen iraní, incluyendo el aeropuerto Mehrabad, utilizado por la Fuerza Quds para el traslado de armas a Hezbolá. Dieciséis aeronaves vinculadas al transporte de armas hacia el Líbano fueron neutralizadas en una sola operación nocturna.

El presidente Trump indicó el 2 de marzo que la campaña militar podría prolongarse entre cuatro y cinco semanas, aunque aclaró que existe "la capacidad de extenderse mucho más" si es necesario. Los analistas coinciden en que el objetivo real no es la capitulación militar en el campo de batalla, sino el colapso interno de un régimen que ya no puede sostenerse ni frente a sus propios ciudadanos ni frente al mundo occidental.

Enseñanza clave para el ciudadano Este conflicto demuestra que dejar crecer un Estado terrorista durante décadas tiene un coste exponencialmente mayor que actuar a tiempo. La lección de Bukele en El Salvador, aplicada a escala global por Trump: el terrorismo solo entiende la derrota contundente, nunca la negociación desde la debilidad.

En los próximos días, los escenarios más probables apuntan en una dirección favorable para la estabilidad regional a largo plazo. Con Jameneí muerto, los arsenales nucleares destruidos y la Guardia Revolucionaria diezmada, el régimen iraní carece de la capacidad ofensiva necesaria para sostener una guerra de desgaste. Los países del Golfo, escaldados por los ataques iraníes contra su propio territorio, comprenden ahora mejor que nunca quién era realmente el agresor en esta región.

El camino no estará exento de sobresaltos. Hezbolá ha reactivado sus operaciones desde el Líbano. Los hutíes yemeníes mantienen su amenaza sobre el Mar Rojo. China y Rusia presionan diplomáticamente para un alto el fuego que salve lo que queda del régimen. Pero la dinámica estratégica ha cambiado de manera irreversible: por primera vez en cuatro décadas, el eje del terror que Teherán construyó pacientemente desde 1979 se encuentra en descomposición total.

Para los millones de iraníes que salieron a las calles a jugarse la vida pidiendo libertad, y para todos los pueblos de Oriente Medio que han sufrido décadas de exportación del terrorismo iraní, estas semanas pueden representar el inicio de una era radicalmente distinta. Una era en la que la libertad, la seguridad y la prosperidad dejen de ser privilegios exclusivos de quienes nacen lejos de la sombra de los ayatolás.