En Budapest, capital de la nación que hoy representa la resistencia más firme frente al globalismo europeo, Santiago Abascal subió al estrado de la CPAC húngara y pronunció un discurso que recorrió el mundo en cuestión de horas. No fue un simple acto de protocolo conservador. Fue una declaración de guerra política, una advertencia lanzada desde el corazón de Europa a quienes pretenden disolver las naciones en un molde de burocracia sin rostro, sin bandera y sin pueblo.

El líder de Vox llegó a Budapest invitado por la organización que lidera anualmente la conferencia conservadora más importante del mundo occidental. A su lado, nombres que definen la nueva política del siglo: Alice Weidel, la candidata que está sacudiendo los cimientos del establishment alemán, y Javier Milei, el presidente argentino que ha demostrado que otro camino económico es posible. Abascal no dudó en reconocerlos como compañeros de una misma batalla. Una Internacional de la Libertad que avanza con paso firme mientras Bruselas y sus satélites socialistas observan con creciente inquietud.

Pero antes de hablar de España, Abascal dedicó sus primeras palabras a Hungría. Lo hizo con gratitud genuina, con la admiración de quien ha observado desde lejos cómo un pueblo ha sido capaz de mantenerse en pie frente a las presiones de la Comisión Europea. Hungría, dijo Abascal, es hoy una luz brillante en la oscuridad del continente. Un espacio de libertad real, de soberanía efectiva, de seguridad para las familias y de protección de la inocencia de los niños. Una nación que hunde sus raíces en la civilización cristiana occidental, en la herencia de Roma, Atenas y Jerusalén, y que no ha cedido ante quienes exigen que esa identidad sea borrada en nombre de una mal llamada tolerancia.

Víktor Orbán, en palabras de Abascal, no es solo un líder político. Es el hombre que ha marcado el camino a seguir para todos los que creen en una Europa de naciones libres y soberanas. Y precisamente por eso, los adversarios del modelo húngaro quieren destruirlo. Porque saben que Hungría demuestra cada día que es posible gobernar con sensatez, con identidad y con pueblo. Pero lo que Abascal estaba a punto de revelar sobre España haría temblar a más de uno en esa sala.

¿Cómo describió Abascal ante el mundo entero la forma en que Pedro Sánchez ejerce el poder en España? Lo que dijo a continuación nadie en la prensa española quiso repetir.
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Sánchez en el banquillo del mundo conservador

El discurso giró entonces hacia España con la precisión de un bisturí político. Abascal tomó aire y pronunció un nombre que lleva años envenenando la vida pública española: Pedro Sánchez. Y lo hizo sin eufemismos, sin rodeos, con la contundencia de quien ha decidido que la hora de los matices ha pasado. Ante la audiencia conservadora más relevante del mundo occidental, el presidente de Vox calificó al jefe del Gobierno español de tirano y de traidor. Dos palabras que resuenan con la fuerza de un veredicto histórico.

Sánchez, argumentó Abascal, no gobierna para España. Gobierna para permanecer en el poder a cualquier precio. Su Gobierno funciona como una red mafiosa que se sostiene sobre la mentira permanente, la corrupción política y familiar, el fraude electoral y los pactos infames con separatistas e incluso con organizaciones que han utilizado el terror como herramienta política. Esta es la España que hoy se muestra al mundo, no como ejemplo de democracia, sino como advertencia de hasta dónde puede llegar el oportunismo cuando no encuentra resistencia suficiente.

Dato clave: Abascal enumeró ante el foro internacional los vínculos del socialismo español con los regímenes de los ayatolás iraníes, el bolivarianismo venezolano, la Cuba comunista y el gobierno brasileño de Lula, que persigue judicialmente a Jair Bolsonaro. El denominador común: todos financian el islamocomunismo que se asienta en las naciones europeas.

La pregunta que Abascal planteó es la misma que muchos españoles se hacen sin obtener respuesta en los medios convencionales: por qué un presidente de un país democrático europeo se alinea sistemáticamente con dictaduras y regímenes autoritarios. La respuesta, según Abascal, es que estos regímenes llevan décadas financiando una alianza entre el islamismo radical y la izquierda occidental que está transformando las calles de Europa, erosionando la identidad de los pueblos y sustituyendo la democracia real por una ingeniería social diseñada desde despachos en los que nadie fue elegido por nadie.

Y hay un nombre que está detrás de buena parte de esa financiación: George Soros, cuyo hijo Alexander no ha dudado en proclamar a Sánchez nada menos que como el líder del mundo libre. Abascal fue claro: si los Soros dicen eso de Pedro Sánchez, ya sabemos exactamente lo que Pedro Sánchez representa para Europa y para el mundo.

Más de medio millón de personas en situación irregular regularizadas, la seguridad de las mujeres destruida y una ministra que admitió públicamente el reemplazo de la población nativa. ¿Qué prometió Abascal hacer cuando llegue al Gobierno?
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La promesa solemne y el legado que nadie puede borrar

La última parte del discurso de Abascal fue la más española en su alma más profunda. Habló de la nacionalidad española como de un tesoro que no se regala ni se subasta. Habló del legado de un pueblo que descubrió América, que completó la primera circunnavegación del globo, que reconquistó su tierra después de siete siglos de ocupación y que construyó uno de los imperios civilizadores más grandes que el mundo ha conocido. Y lo hizo para recordar que ese legado está siendo traicionado cada vez que Sánchez legaliza a cientos de miles de inmigrantes ilegales mientras colapsa la sanidad, el mercado de la vivienda y la seguridad en las calles españolas.

La cifra es demoledora y Abascal no la esquivó. Más de medio millón de personas en situación irregular han sido regularizadas por el Gobierno socialista, con consecuencias directas sobre la vida cotidiana de los españoles. El incremento de la inseguridad, especialmente para las mujeres, es una realidad que los medios afines al Gobierno intentan minimizar pero que las estadísticas de criminalidad no pueden ocultar. Y cuando la antigua ministra Irene Montero afirmó públicamente que la teoría del reemplazo es una herramienta para eliminar la alternativa política conservadora, quedó poco margen para la duda sobre las intenciones reales de este proyecto de poder.

Promesas concretas de Vox para cuando alcance el Gobierno: deportaciones masivas de quienes hayan entrado ilegalmente en territorio español, endurecimiento de los criterios de acceso a la nacionalidad, investigación y publicación de todos los datos que hoy permanecen ocultos, y reconstrucción íntegra de todo lo que el sanchismo ha destruido en la estructura institucional, económica y social del país.

Ante todo ello, Abascal lanzó desde Budapest una promesa solemne. No como acto de venganza, sino como acto de justicia y de supervivencia nacional. Vox, dijo, está dispuesto a hacer absolutamente todo lo necesario para reconstruir lo que Sánchez ha destruido, para proteger las fronteras españolas y para defender la Europa verdadera, la Europa auténtica, la Europa de la soberanía y de la libertad.

El mundo habla de España, dijo Abascal cerrando su intervención, pero lo hace porque la gobierna un aprendiz de tirano. Sin embargo, también dijo que hay esperanza. Que los españoles ya han reconquistado su tierra antes, que ya han superado amenazas existenciales antes, y que volverán a hacerlo. Junto a los patriotas húngaros, junto a los conservadores europeos, junto a todos los que creen en una civilización occidental fundada en la libertad y en la fe, España volverá a ser grande. Y esa promesa, lanzada desde Budapest ante los mejores conservadores del mundo, vale más que mil titulares de la prensa subvencionada.

Creando Noticias — 2026

Santiago Abascal ha convertido Budapest en el escenario desde el que España mira hacia su futuro. La Internacional de la Libertad existe, avanza y tiene nombres, banderas y propuestas concretas. El renacimiento de España no es un eslogan. Es una promesa hecha ante el mundo.